La fuerza del azar

A todos nos enseñan en el colegio que la penicilina ha salvado infinidad de vidas. Hace menos de un siglo, infecciones a las que hoy no damos importancia, eran mortales.
Lo que no suelen enseñarnos es que Alexander Fleming descubrió el primer antibiótico de un modo azaroso, juguetón.
Fleming iba cada mañana a su laboratorio del Hospital St. Mary en Londres. Como cualquier científico hacía un experimento tras otro para validar o negar sus hipótesis.
Como a cualquier otro científico la inmensa mayoría de las veces le salía cruz, aunque así, paradójicamente, alumbraba pequeños descubrimientos que quizás un día desembocaran en algo grande, o quizás no.
Llevaba años trabajando con colonias de estafilococos, bacterias responsables de muchos tipos de infecciones. Colocaba un cultivo tras otros en las placas y observaba su evolución por el microscopio. Llegaría a analizar y desechar cientos, sino miles de cultivos.
Aquel verano de 1928, como de costumbre, salió de vacaciones al campo. Quiso el azar que olvidara tirar una muestra fallida antes de salir. Quiso el azar también que el encargado de la limpieza considerara que si Fleming había dejado eso allí por algo sería.
A la vuelta de vacaciones allí seguía la placa. Quiso al azar en esta ocasión que no la tirara sin más y solo la apartara a un lado. Al poco llegó un compañero y se puso a enseñarle en lo que andaba trabajando, al mostrarle esa placa notó algo extraño; todo estaba salpicado por colonias de bacterias, salvo una zona donde una mancha de moho inhibía su crecimiento.
No creáis que a partir de aquí todo fue coser y cantar. Fleming reconoció el hallazgo, pero era tímido y poco dado a fliparse, de hecho, si sabemos el rol del azar en su descubrimiento es porque él mismo así lo contó siempre. Lo que no quita para que al común de los mortales, aunque nos señalaran el cultivo con luces de neón, no reconoceríamos absolutamente nada.
El azar solo alumbra a quien reconoce la jugada que sale en sus dados.
Otros compañeros le ayudaron a poner en valor su trabajo y a dar los pasos adicionales para que el hallazgo desembocara en el medicamento más poderoso jamás inventado.



